martes, 21 de junio de 2016

Peras al vino tinto

Llegó el verano (al menos en el almanaque, porque por estas tierras de las montañas suizas donde me hallo, se ha metido una nube loca y no sabe salir, lleva aquí ya más de cuatro semanas, sí veinti tantos días con sus días y sus noches, y no hay manera de que se vaya, parece que le ha cogido el gusto a este lugar). 

Pero como sé que en otras tierras sí que ha entrado el verano fuerte, os traigo un postre muy fácil, fresquito y delicioso, muy veraniego.

A pesar de cocerse las peras en vino tinto, no lleva alcohol, porque se evapora al hervir, y lo que queda es como un almibar riquísimo, que al mezclarse con la nata está de miedo.


Los ingredientes son para 4 - 6 personas (no me gusta ponerlas justas, por si alguien quiere repetir)
 
6 peras
3 puntitas de cuchillo de estevia
60 gr de xilitol (también llamado azúcar de abedul)
1 vaso de vino tinto
1 palo de canela
1 limón biológico
1 clavo
Nata vegana líquida o montada

Pelamos las peras, las ponemos en una cacerola con la estevia, el xilitol, la canela, el vino, la cáscara de limón y el clavo.
Las dejamos cocer a fuego medio-bajo hasta que estén tiernas. 
Las sacamos con cuidado a una fuente bonita y las metemos en la nevera a enfriar hasta la hora de servir. 
Por último le damos el toque de gracia decorando con nata vegana líquida o montada, al gusto.

Se pueden acompañar con algún tipo de galletitas, por ejemplo palmeritas de hojaldre caseras (que son super fáciles de hacer, y si no os lo creéis, os doy otro día la receta y ya veréis).

¡¡No pueden ser más fáciles!!

¡¡Feliz verano a todos!! y los que tengáis la enorme suerte de ir a la playa, por favor, daros un bañito por mí 😉

viernes, 17 de junio de 2016

Ja, ja, ja....!!!

La risa es la mejor medicina y además no cuesta nada
 
Foto: cathcotact.wordpress.com
El siguiente texto lo empleaba mi padre en los cursos de seguridad en el trabajo para transmitir a los empleados de la fábrica de amoniaco que había en Málaga, lo que puede pasar cuando hay un fallo de comunicación:

 
CARTA DE INGLATERRA

A una familia alemana que solía pasar sus vacaciones en Inglaterra, se les ocurrió que lo mejor sería comprar allí una casa, en vez de ir siempre a un hotel, así que visitaron varias propiedades hasta que finalmente dieron con una preciosa casita en el campo, que se encontraba en un lugar tranquilo y apacible. Y les gustó tanto que la compraron, después de las negociaciones de rigor con el propietario.

Una vez de vuelta en Alemania, se dieron cuenta de que no habían visto el cuarto de baño por ningún sitio, lo cual no era de extrañar, ya que en el campo ésta habitación suele estar fuera de la casa. Así que decidieron escribirle al vendedor inglés de la casita para informarse de dónde se encontraba el WC. El inglés entendió que la abreviatura WC se refería a las siglas de Windsor Chapel, una capilla muy conocida de aquel lugar, de modo que le escribió amablemente la siguiente carta a la familia:

„Querida familia,

en respuesta a su pregunta, tengo el placer de informarles que el lugar al que se refieren se encuentra a 12 km de la casa, lo cual queda algo lejos, sobre todo si se tiene la buena costumbre de visitarlo con frecuencia. Por esta razón hay gente que se lleva la comida y pasa allí todo el día. Algunas personas van a pié, pero otras viajan en tranvía, que suele ser muy puntual, y así llegan justo a tiempo.

Existen 400 asientos y además 100 plazas de pié. Los asientos están tapizados de terciopelo rojo. El local dispone de aire acondicionado, y así resulta muy agradable. Se recomienda llegar temprano para poder encontrar sitio. Los niños se sientan juntos y cantan a coro. A la entrada cada uno recibe una hoja de papel, y cuando los papeles se acaban se pueden compartir con el compañero. Al final se vuelven a reunir todos los papeles para poder usarlos durante toda la temporada. También existe la costumbre de pasar un cestillo para reunir lo que cada uno tiene suelto.

Además hay fotógrafos profesionales que fotografían a las personas en diferentes posturas. Las fotos se publican posteriormente en la revista local, para así dar a conocer este acto tan admirable.

Con la esperanza de haber respondido detalladamente a su pregunta, les ruego acepten mis más cordiales saludos.“

Foto: http://100comedyclips.blogspot.ch/2012/06/health-benefits-of-laughing.html



martes, 7 de junio de 2016

Verde que te quiero verde. Green power: licuado de ortigas

Verde que te quiero verde
verde viento, verdes ramas
el barco sobre la mar
y el caballo en la montaña
-
(Federico García Lorca)

Hoy estoy poética, y es que  ¿quién no se inspira al ver tanto verde?


Esto es la pesadilla de todo el que tiene un huerto y no ha podido pillarlo a tiempo, pero que no cunda el pánico, porque este es el huerto más natural, ecológico, económico y lleno de energía del mundo (al menos de mi mundo), porque aquí hay millones de plantas silvestres que se pueden comer: ortigas, dientes de león, podagraria, acedera, llantén y muchas más.

Vayamos por parte, primero hay que coger las hierbas, lo que nos permite darnos un paseito, tomar contacto con la tierra, los pajaritos, algún que otro bichito y por supuesto poner atención a lo que estamos cogiendo. Ya empezamos a cargar energía.

Luego hay que organizarse en la cocina:

Tenemos un zumo de ortigas y los restos (a la izquierda) que podemos echar a la sopa. También tenemos dientes de león ya picados (centro al fondo), un montón de hierbas variadas para una sopa y una cacerola llena de ortigas para ponerlas con bechamel

Y en un plis plas todo se convierte en algo así:

Ensalada de patatas con diente de león, ortigas tipo espinacas con bechamel y sopita rica de hierbas y verduras, muy nutritiva

Y esto sólo es un ejemplo, porque se pueden preparar de mil maneras más, como ya vimos en el taller de cocina con hierbas silvestres, donde disfrutamos un montón haciendo rollitos de patata con hierbas silvestres, tortilla de ortigas, panna cotta de melisa y otras cosas más.

Para mí la hierba por excelencia es la ortiga. 

Por un lado es una planta medicinal con muchísimas propiedades curativas: antiinflamatorias, astringentes, diuréticas y calmantes. Es buena para la próstata, contra el reumatismo y fomenta la producción de leche  materna, por decir sólo unas cuantas cosas. 

Y también es una planta comestible muy nutritiva, ya que aparte de la clorofila contiene muchas sales minerales (calcio, hierro, sílice, azufre, fósforo, potasio y manganeso), vitamina A, C, D y vitaminas del complejo B, beta caroteno y varias cosas más.

Atención: No tomarla durante el embarazo, ya que puede ocasionar abortos.

Cuidado, que pica
La ortiga es una planta muy versátil en la cocina, se puede utilizar como las espinacas o las acelgas, en tortillas, con bechamel, con garbanzos, en sopas, para rellenos....

Pero la forma más sencilla y energética es el licuado de ortiga. Sólo hay que coger un buen puñado de ortigas (recomiendo hacerlo con guantes de goma. Hay un método para que no piquen, que es cogiendo la hoja en la dirección de los pelitos, pero aparte de tardar mucho más, al final acabamos pinchándonos sí o sí), lavarlas (también con guantes de goma), echarlas en un vaso de batir o una batidora potente, añadir agua al gusto y batir bien. 

Si se deja reposar un momento se queda el líquido abajo y las hojas trituradas suben. El resto es espuma (yo la suelo tirar, porque es rasposa en la garganta al beberla)

Luego sólo nos queda colarla. Las hojas trituradas podemos mezclarlas en una ensalada o echarlas en una sopa de verdura. El zumo se puede tomar tal cual, con más o menos agua según el gusto de cada cual, o mezclarlo con otros ingredientes (en plan smoothie).

Yo siempre lo tomo  solo. Al principio resulta algo fuerte, pero es cuestión de acostumbrarse y beberlo con la sensación de estar tomando algo muy sano ;-) 

Debido a sus propiedades diuréticas eliminaremos mucho líquido limpiando así el organismo, y al cabo de pocos días notaremos que estamos llenos de energía.

  ¿Quién se apunta a un zumito de ortigas?



jueves, 2 de junio de 2016

Hamburguesas veganas de mijo con tzatziki, ligeras y sin gluten

La verdad es que no soy muy de hamburguesas y cosas fritas o a la plancha, no sé me fastidia que salpique el aceite y todo huela a grasa (la casa, los pelos, la ropa, uaj!). Y en vista de lo mijita que soy, pues apaga y vámonos..... noooooo!, que todavía no he dado la receta ;-)

Pues sí, las hamburguesas de mijo son de esas cosa que perdono, y es que resultan super sencillas de hacer, apenas tienen grasa y sirven hasta para la operación bikini (aparte de estar muy buenas). Ah! y además están libres de gluten, ¿qué más quieres, Baldomero? Y si encima las acompañamos de una salsa de yogur y pepino (también conocida como tzaziki, porque es típica griega), pues es el no va más, ya que resulta detox total. Y ya está bien de echarle tantas flores y vamos al grano (ja, ja, nunca mejor dicho, porque se trata de granos de mijo).


Esta receta es para unas 10 unidades.

125 gr mijo
1 zanahoria
1 cebolla pequeña
1 diente de ajo
Hierbas al gusto (orégano, mejorana, albahaca, perejil...)
1 puñado de pipas de girasol
Sal
Pimienta
Aceite de oliva

Lavamos el mijo primero con agua caliente y luego con agua fría. Lo ponemos a cocer con triple cantidad de agua hasta que esté tierno (si es necesario añadimos más agua) y lo dejamos enfriar.
 
Tostamos las pipas de girasol en una sartén sin aceite, removiendo de vez en cuando para que no se quemen.

Aparte picamos la cebolla y el ajo y rallamos la zanahoria. En una sartén los rehogamos con un poco de aceite y luego los pasamos por la batidora. Mezclamos esta masa con el mijo y sazonamos con sal, pimienta y las hierbas elegidas. Añadimos las pipas de girasol, amasamos bien con las manos y hacemos las hamburguesas.

Con un pincel pintamos las hamburguesas con aceite por las dos caras y las pasamos por la sartén.

Para el tzaziki:

500 gr yogur natural de soja sin azúcar
½ pepino mediano
1 diente de ajo
1 cucharada de aceite de oliva
Sal

Rallamos el pepino y lo sazonamos. Lo dejamos reposar para que pierda el agua. Al cabo de un rato lo colamos y podemos usar este agua para un batido verde o simplemente beberla tal cual rebajándola con un poco de agua (ya que si no está muy salada).

Prensamos el ajo (si no tenéis prensa para ajos podéis picarlo muy menudo o usar ajo en polvo).

Mezclamos todos los ingredientes, y ya está listo.


Servimos las hamburguesas acompañadas del tzaziki, pero aviso: no comáis tzaziki si tenéis una entrevista de trabajo, vais a cantar en coro o vuestra futura pareja no lo come también ;-)
 
 Rezept auf Deutsch
 (für ca. 10 Bratlinge)
 
125 g Hirse 
1 Karotte
1 Zwiebel
1 Knoblauchzhe
Kräuter (z.B. Oregano, Majoran, Basilikum..)
1 Handvoll Sonnenblumenkerne
Salz
Pfeffer
Oliven- oder Rapsöl

Hirse erst warm, dann kalt waschen, mit dreifacher Menge Wasser kochen, bis sie richtig weich wird (evtl. noch etwas Wasser dazugeben). Hirse abkühlen.

Sonnenblumenkerne ohne Fett in einer Pfanne unter gelegentlichem Rühren rösten.Zwiebel, Karotte und Knoblauch klein schneiden und in ein bisschen Öl andünsten, mit dem Stabmixer pürieren und zur Hirse dazugeben. Kräuter und Sonnenblumenkerne zufügen und alles gut mit den Händen durchmischen. 

Kleine Portionen von der Masse nehmen und Bratlinge formen. Mit Öl beidseitig einpinseln und in einer beschichteten Pfanne braten. 
 
Dazu passt eine Tzatzikisoße sehr gut: 
 
Tzatziki:
 
500 g Natursojajoghurt ohne Zucker
½ mittelgroße Gurke
1 Knoblauchzehe
1 EL Olivenöl
Salz
 
Gurken reiben und mit Salz abschmecken. Gurke eine Weile ruhen und dann durch einen Sieb dass Wasser auffangen (dieses kann man in einem Smoothie verwenden oder mit Wasser verdünnen und trinken).
 
Knoblauch mit einer Knoblauchpresse quetschen.
 
Joghurt, Gurke und Knoblauch mischen, und fertig ist es!
 

lunes, 30 de mayo de 2016

Café en Einsiedeln. Blogger Traveller

Antes que nada quiero agradeceros a todas las que habéis votado mi  entrada del último tema de Blogger Traveller. Da mucha alegría cuando te eligen :-)) La verdad es que jugaba con ventaja, porque Einsiedeln es un sitio precioso, y el tema "Paisaje" venía como anillo al dedo.

Este mes voy con retraso con el tema, que es "Café" y tenía que haberlo publicado el día 15, pero es que todo tiene su historia. Resulta que buscando algo interesante en Einsiedeln me encontré con el Kaffehaus zu den Dreiherzen (algo así como "Café de los tres corazones")

Los tres corazones se ven colgando en la fachada sobre el primer piso
Bueno, pues lo que tiene de particular esta cafetería es que ellos mismos tuestan el café. Lo compran directamente a los campesinos y así pagan precios más justos y ven las condiciones de trabajo. Y la razón de que yo me haya retrasado con mi post es que todos los viernes hacen un show de tostado del café allí mismo, dentro de la cafetería, pero cuando fui estaba la máquina estropeada y tuve que esperar a que la arreglaran. 


 La cafetería en sí es muy agradable, con rincones para sentirse casi como en casa:


Tienen hasta 12 clases distintas de café, entre mezclas y café puro, procedentes de todas partes del mundo:


Pero también se puede disfrutar de un buen tesesito, un smoothie y las típicas cosas que hay en todos lados, y los jueves y viernes se convierte en un bar con música y bebidas especiales.

Lo más interesante de todo fue la conversación con Caesar Eberhard jun., el tostador de café, que se encarga de darle el punto a cada tipo de café de esta empresa familiar, que desde generaciones se dedica al tostado y venta de café, y que tuvo el detalle de explicarme todo en Hochdeutsch (o sea, en alemán, y no en alemán suizo, que me cuesta mucho más entenderlo).

Aprendí que el café antes de tostarlo no huele a nada y tiene este aspecto:

Parecen cacahuetes, verdad?
y es dentro de la máquina donde adquiere su aroma. Allí dentro está como volando, ya que no para de dar vueltas, y el efecto de tostado se obtiene no por contacto, sino a través del aire caliente (a 200° en el caso del café que tostó el día que yo fui), así se tuesta todo lo más homogeneo posible. Al cabo de unos 10-15 minutos ya está listo (todo va controlado por ordenador, pero Caesar sacaba de vez en cuando una muestra y la olía, y esto me gustó, porque hay que entender, y no sólo dejarse llevar por la máquina), y después pasa a la rejilla de enfriamiento, ya que el auténtico aroma lo adquiere a 140° (si no recuerdo mal).

Aquí da vueltas hasta enfriarse a la temperatura deseada
Una vez listo lo empaquetan y lo venden (al menor y al mayor, ya que suministran a hoteles, tiendas y otras cafeterías) o lo usan allí mismo.

Foto: /www.facebook.com/treCuoriKaffee
Me quedé sin probar el café, pero es que yo no soy nada cafetera, me va más el té ;-)


Danke vielmals Caesar für die nette und interessante Ausführung!

Si queréis ver los cafés del resto de participantes sólo tenéis que pinchar aquí.

Y aunque sé que el post de Blogger Traveller tiene que referirse a la ciudad donde se vive actualmente, no puedo resistir la tentación de mostraros algo muy curioso de mi ciudad natal, Málaga (donde al fin y al cabo he vivido 30 años de mi vida). Se trata de la forma de pedir el café. 

Todo empezó en una cafetería llamada Café Central, eran los tiempos de la postguerra y a Don José (el dueño de la cafetería, que aún sigue existiendo en la Plaza de la Constitución), preocupado por los deseos de sus clientes a la hora pedir el café, se le ocurrió representarlos en un cartel, ya que no había forma de ponerse de acuerdo, y unos tenían que tirar un poco mientras que otros tenían que pedir dos hasta dejarlo a su gusto. Este cartel se convirtió en mosáico, y todavía sigue adornando las paredes del Café Central.

Foto: sientemalaga.wordpress.com
El "No me lo ponga" fue ocurrencia de un camarero gitano muy gracioso, ya que Don José sólo encontró 9 formas de poner el café, pero para que quedara bien el cartel necesitaba 10. Desde entonces el café se pide en Málaga y su provincia de esta manera. Si os interesa conocer la historia con más detalle podéis verla aquí

Y aquí está la versión más moderna del cartel:

Foto: www.cafecentralmalaga.com
El resto del vaso se llena de leche (creo que aún no hay versión para veganos), aunque no sé qué pasa con el "no me lo ponga" ;-)

viernes, 20 de mayo de 2016

Tortitas de pan crujientes

Parece que ya ha entrado la primavera (incluso por estos lares suizos) y si altera la sangre o no, no lo sé, pero lo que sí entran es ganas de salir al campo y hacer excursiones, y nada mejor que estas tortitas para llevar en la mochila, aunque son muy versátiles y se prestan también muy bien para pic-nics o simplemente para picar, solas o acompañadas de queso vegano untable, patés o veganutella (prometo publicar próximamente la receta perfecta de veganutella).

No os aconsejo que os las comáis a deshoras en el trabajo ni os las llevéis al cine o un concierto de música clásica (aunque en los conciertos de música clásica no se come, se va a escuchar música), porque son sumamente crujientes y hacen crack, crack.


Y así se hacen:

100 gr granos de avena
50 gr soja entera
200 gr harina integral de espelta (se puede sustituir por arroz u otro cereal sin gluten)
100 gr trigo sarraceno
2 cucharaditas de sal
30 gr pipas de girasol
2 cucharadas de aceite de girasol
375 ml agua

Con el molinillo de café molemos por separado la avena y la soja gruesos. Luego las tostamos juntas en una sartén antiadherente sin parar de remover para que no se quemen.

Molemos también una parte del trigo sarraceno y lo mezclamos con la avena, la soja, la espelta, las pipas de girasol, la sal y el trigo sarraceno que no hemos molido. Añadimos el aceite y el agua y removemos bien hasta obtener una masa blanda y untable.

Encendemos el horno a 200°.

Cubrimos una bandeja de horno con papel de hornear y repartimos la mitad de la masa en montoncitos, los aplastamos con una cuchara mojada previamente en agua y lo metemos en el horno precalentado unos 30 minutos hasta que las tortitas estén doradas y crujientes. Hacemos lo mismo con el resto de la masa (si queréis menos cantidad, podéis hacer la mitad).

Estas tortitas salen muy crujientes y hay que tener buenos dientes para comerlas, pero también podéis hacerlas menos crujientes extendiendo toda la masa sobre una bandeja de horno y partiéndola luego. Así no nos quedan bordes y al ser más gruesas quedan menos crujientes. En este caso debemos dejarlas 50 minutos en el horno.


Y ahora a salir al campo y disfrutarlas, pero atención: ¡¡Mucho cuidado, que crean adicción!! ;-)

jueves, 12 de mayo de 2016

Tartaletas veganas con mermelada y queso fresco

Aquí está la receta que os prometí en el último post.

Las hice para un cumpleaños muy especial en el que ninguno de los invitados era vegano, y claro, tenía que esmerarme  (estuve tres días esmerándome, pero quedó todo de rechupete y al día siguiente incluso llamó por teléfono la hija de una de las invitadas para decir que su próximo cumpleaños también lo quiere celebrar vegano :-))


Son algo engorrositas, porque hay que hacer cada cosa aparte, pero es que a mí me gusta lo casero, ahora, que si queréis comprar las tartaletas (o la masa ya hechas) y la mermelada ídem, pues adelante (de paso también compráis el queso y la mar de fácil, ja, ja).

Necesitamos:

Tartaletas de pasta quebrada
Mermelada de grosellas negras
Queso untable vegano a las finas hierbas

Bueno, lo primero que tenemos que hacer es las tartaletas de pasta quebrada:
 
250 gr harina integral de espelta
90 ml aceite de girasol
2½ cucharaditas de levadura en polvo
Una pizca de sal
6 cucharadas de agua
Un molde  para tartaletas (es como el de las magdalenas pero con los huecos más chicos)

Mezclamos la harina, la pizca de sal y el aceite. Amasamos con los dedos, hasta que nos quede como serrín. Después añadimos el agua y seguimos amasando con las manos. Debe quedarnos una masa ligera, pero que no se desmorone. Si es necesario ponemos un poquito más de agua.

Extendemos la masa con el rodillo sobre una superficie plana hasta obtener un grosor de unos 3 ó 4 mm (esto es sólo aproximado), con un vaso o copa cortamos círculos (deben ser más grande que la circunferenca del molde) y los colocamos con cuidado en cada hueco hasta el borde y pinchamos varias veces con un tenedor.

Horneamos en el horno precalentado a 180° durante unos 20 minutos (o hasta que estén dorados, procurando que no se quemen). Dejamos enfriar.

Con la masa que nos sobre podemos hacer galletitas saladas (se les puede echar un poco de sal una vez cortadas), no olvidéis pincharlas con un tenedor. Están muy ricas para canapés o simplemente untadas con algún paté o el queso untable.

A continuación hacemos la mermelada (si no la tenemos de otra ocasión). A mí me gusta poner una mermelada con un sabor algo ácido y fuerte, la de fresa seguro que también está buena, pero me resulta algo dulce de más, por eso he elegido la mermelada de grosellas negras.
La receta base (que ya os pondré aparte en otro post con fotos y todo eso) es:
 
750 gr grosellas negras
100 gr xilitol

Lavamos las grosellas y las cocemos en una cacerola con la estevia y el xilitol hasta que se hay reducido el liquido que sueltan.

Echamos la mermelada caliente en botes de cristal esterilizados, cerramos y ponemos los botes bocabajo para que se haga el vacío. Una vez abierto el bote conviene consumirla en el plazo de una semana, ya que si no fermenta.

Los botes podemos esterilizarlos fácilmente llenándolos de agua hirviendo (no olvidar la tapadera y el borde). Tiramos el agua y los dejamos secar bocabajo.

Una vez frías las tartaletas y la mermelada, rellenamos las tartaletas con la mermelada:



Y por último echamos el queso untable en una manga pastelera y decoramos las tartaletas. Como toque final podemos colocar encima un trocito de nuez (o lo que se os ocurra).




¿Te apetece una?


martes, 10 de mayo de 2016

Queso untable vegano a las finas hierbas

Hace tiempo que quiero publicar esta receta, porque además la tengo prometida desde que subí la receta del rejuvelac (que por cierto, está en la etiqueta "Vida natural", vaya, lo digo por si allguien se pone a buscarla en el índice).

El queso untable no puede ser más fácil y es muy versátil, o sea, que se puede usar para muchas cosas, para untarlo en un buen bollito casero de espelta, para rellenar rollitos de calabacín aunque los de este post están rellenos de otra cosa ;-), o incluso para hacer canapés (prometo firmemente publicar la receta en el próximo post, porque quedan espectaculares).

Bueno, pues a lo que íbamos. Así se hace el queso:

Necesitamos muy poquitos ingredientes:
 
1 taza de anacardos crudos
¼ taza rejuvelac
Sal
Especias al gusto (ej. ajo en polvo, hierbas variadas, pimentón...)

 
Ponemos los anacardos en remojo durante la noche (o al menos durante 8 horas).


Escurrimos el agua y los batimos bien junto con el rejuvelac y una pizca de sal hasta obtener una crema suave y sin grumos. Lo mejor es usar una máquina tipo Vitamix o similar.


Echamos la crema en un recipiente (lo mejor sería de cristal, pero como no tenía lo he hecho en uno de plástico) con tapa hermética y la dejamos fermentar entre 24 y 30 horas en un lugar oscuro y cálido. 


Según como queramos la crema de ácida la dejaremos más o menos tiempo, pero cuidad de no sobrepasar las 36 horas, ya que entonces formará alcohol y estará agria y nada agradable.

Después podemos especiar al gusto con un poco más de sal y las hierbas que más os apetezcan (por ejemplo, cebollino fresco, eneldo, perejil, cilantro fresco...), o con ajo, o pimentón, o lo que os parezca.


Y ya está el queso listo para tomar como más nos guste. No puede ser más fácil :-)

¡¡No os perdáis la próxima receta!! 

martes, 3 de mayo de 2016

III swap vegano

Acabo de volver de vacaciones (¡por fin vacaciones después de casi dos años!). Hemos recorrido el sur de Francia, norte de España y parte de Portugal (y hubiéramos seguido, pero el tiempo apremiaba, porque había fiesta familiar por todo lo alto en Málaga).

Hemos caminado muchísimo, visto sitios preciosos, de esos en que dices "aquí me quedo", pero había que seguir, y volviamos a otro y decíamos "aquí me quedo", ja, ja, y así un sitio tras otro, aprendiendo a vivir el momento, disfrutando de paisajes maravillosos y gente super amable, saboreando el aire de las montañas (más bien el viento ;-)) y la sal del mar, perdiéndonos en cuevas (y también con el GPS, que no nos mandó a un río porque no había río, si no allí acabamos ja, ja).


Y cuando llegué a Málaga, allí me esperaba un paquetito, era el regalito del swap vegano que organizaron Caro (del blog Espinacas con Garbanzos) y Alba (de Mi vida con un vegano). Es la tercera edición, pero yo me había perdido las otras dos y me hacía mucha ilusión participar en ésta, y encima me pillaba por España, así que tenía que aprovechar la oportunidad.

Lo abrí llena de ilusión. Primero leí la carta, y me encontré con que me lo mandaba Míriam (del blog Gastrocenicienta), ya sólo estó me ilusionó un montón, y luego me encontré con este regalo:


Es un molinillo de sal del valle de Añana con guindillas y un té blanco eco con cosas varias. La carta está escrita con mucho cariño.¡Gracias Míriam! y gracias también a Caro y Alba por organizar cosas tan bonitas :-)