lunes, 2 de marzo de 2015

El día que dejé de comerme a los demás


No sé si fue un miércoles o un viernes, el caso es que hace veinte años, un día de primeros de Marzo, tal y como hoy, nos hicimos vegetarianos. 

Todo empezó por "casualidad" en mi fiesta de cumpleaños con mis compañeros de trabajo. Resultó que sin saberlo, todo lo que llevé era vegetariano, así que uno de mis compañeros me preguntó de broma: "Rocío, tú desde cuándo eres vegetariana?", y yo le dije: "...en realidad no lo soy" (nunca podría imaginarme las enormes consecuencias de este momento tan "inofensivo").

Cuando llegué a casa le comenté a mi novio divertida el comentario de mi compañero. Él estaba leyendo (por "casualidad") el libro de Eugen Drewermann "Der tödliche Fortschritt" ("El progreso mortal", desgraciadamente no he encontrado referencias en español, pero ya podéis imaginaros de lo que trata). Bueno, pues la conjunción de mi comentario con el contenido del libro (y quizás también algunos astros ;-)) hizo que dijéramos: "En realidad no somos vegetarianos, pero y por qué no?", y a partir de ese momento mágico, algo hizo clic en nuestro interior y nos hicimos vegetarianos.
Este es el símbolo del veganismo, pero todo tiene una explicación. Seguid leyendo...

Pero ¿qué era ser vegetariano? Como intuíamos que consistía en algo más que dejar de comer carne y pescado, decidimos informarnos y leímos todo lo que pillamos acerca de nutrientes, alimentación, carencias, y entre tanto libro se "colaron" algunos sobre el respeto de los indios a la vida, el sufrimiento de los animales en la ganadería masiva, la explotación y destrucción del medio ambiente, y el hambre en el tercer mundo debido a los hábitos alimenticios del "primer mundo". De pronto nos dimos cuenta de que el paso que dimos con ese "...y por qué no?" era algo más que un reto divertido. Este paso nos abrió las puertas a una realidad de la que comprendimos que todos somos responsables con nuestros hábitos de consumo. El paso estaba dado y no podíamos (ni queríamos) volver atrás. 


Un año más tarde un amigo granjero nos invitó a visitar una granja biológica, en la que se suponía que los animales vivían a gusto. Nos enseñó a ordeñar (cosa nada fácil, por cierto, pero allí era casi una excepción, porque también en las granjas biológicas las vacas suelen ser ordeñadas con máquinas) y contestó a todas nuestras preguntas sobre la necesidad de que la vaca tenga hijos para poder dar leche, el destino de los terneros (que eran separados de sus madres a los pocos días de nacer, por lo que la madre estaba atada a una cadena para que no hiciera "ninguna tontería"), las condiciones  para la cría de gallinas, pollos y cerdos, etc. etc..., y poco a poco nos fuimos dando cuenta de que nada de aquello, por muy "biológico" que fuera, coincidía con nuestro sentido de la ética y la justicia. También allí se trataba a los animales como "productores" de carne, leche y huevos, también allí se mataba a los cerdos, los terneros, los pollos machos y las vacas que habían dejado de ser "productivas". Apenas había diferencia entre el consumo de carne y el de huevos y leche ....Y decidimos hacernos veganos.

 
¿Quién es capaz de hacerles daño a estos cerditos?


¿o a esta pareja de enamorados?







































Desde entonces han pasado veinte años (diecinueve desde la visita a la granja) y ni un sólo día nos hemos arrepentido del paso que dimos. Hemos pasado por muchas fases, hemos cometido muchos errores, y nos hemos sentido muchas veces incomprendidos o malinterpretados. Pero también hemos tenido satisfacciones y muchas experiencias que nos han ayudado a crecer. 

De chica mi comida favorita era muslo de pollo y boquerones en vinagre. Hoy ya no me como a nadie y vivo con la conciencia tranquila y sin renunciar a nada. Disfruto de lo que como y cada día descubro cosas nuevas que nunca hubiera conocido de no haber dado este paso.

Estoy muy agradecida a la vida por haberme dado la sensibilidad para sentir empatía por los otros seres y la fuerza para no tirar la toalla y para darme cuenta de cuándo he dado pasos en falso. No es fácil ir contracorriente, pero quizás sea parte de mi naturaleza.

Biofach 2015 en Nürnberg. El veganismo fue el gran protagonista
Después de tantos años "jugando a ser marciano" es una satisfacción sentir que poco a poco encuentro "mi casa", que no estamos solos en el mundo, que cada vez hay más gente sensibilizada y dispuesta a no comerse a los demás. Aún nos queda mucho trabajo, pero ahora sé que nada puede pararnos. Una persona sola no puede cambiar el mundo, pero de cada uno de nosotros depende que el mundo cambie. Y una última cosa: Nada es imposible, al menos que creas que lo es.


Tanto si eres vegetariano o vegano desde ayer o desde hace décadas o desde tu nacimiento, o si aún te lo estás pensando, siempre hay un primer día y cuando te descuidas los cuentas por años. ¿Cómo fue para ti ese primer día?






10 comentarios :

  1. Que post tan bonito Rocío!!!! Me ha encantado <3 Que bonita tu historia, y que suerte poder compartir un momento tan importante de tu vida con alguien a quien quieres, no es lo mismo hacer este camino sola que bien acompañada...
    Qué valientes fuisteis, imagino que en aquella época debió ser bastante difícil hacer comprender a la gente vuestra decisión, encontrar productos veganos... muy bien por vosotros!!!!!
    Gracias por compartir vuestra experiencia, a ver si alguien lee tu post y se anima a dar el paso ;-) Besitos guapa!!

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    1. Gracias Ester! :-) Sí que es verdad que es una suerte poder seguir este camino junto a alguien que lo siente igual que tú. No podría imaginarme que mi pareja no fuera vegano, habría una brecha entre nosotros que sería difícil de ignorar, porque no se trata sólo de la comida, es una actitud ante la vida y una forma de entender la justicia y el respeto hacía los otros seres. Esto es lo que nos ha dado fuerzas durante todos estos años para seguir adelante, aunque como bien dices, no ha sido fácil, sobre todo al principio (nuestra familia "sufrió" nuestros primeros momentos, en los que tratamos erroneamente de convencerles. Hoy todavía siguen sin comprender nuestra actitud ni las consecuencias del consumo de productos animales). Y bueno, efectivamente encontrar productos veganos no fue al principio tan fácil, incluso la leche de soja la hacía yo misma, ya que la que vendían era muy cara ;-)
      Pero siempre me ha gustado la aventura y los retos, y como me encanta guisar, pues reuní en poco tiempo un montón de recetas (que luego publiqué en "Mi libro de cocina vegana", editorial Océano Ambar. Puedes mirar aquí: http://lascosasderocioblog.blogspot.ch/2013/05/mi-libro.html)
      Tuve mi época de manifestaciones, mesas informativas e incluso participé en política. He trabajado en la cocina de un centro vegano y guisado para los ciclistas del Veggie-Tour. De vez en cuando doy conferencias en congresos y cursos de cocina vegana. Actualmente escribo mi segundo libro y me dedico al desarrollo de productos veganos sin azúcar en el marco de nuestra nueva empresa "Vegan Angels". Cuando miro hacia atrás siento cierto orgullo, es algo más que un curriculum, es una pasión.
      Vuelvo a enrollarme de lo lindo, parece que me dan cuerda ;-)
      Y sí, sería muy bonito que otras personas se animaran a dar el paso después de leer mi experiencia. Creo que entre todos estamos poniendo un grano de arena bien gordo :-)
      Un beso grande!!

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    2. Hace unos días fui a la biblioteca y vi tu libro en el catálogo!!! Pero estaba prestado, cuando lo encuentre lo cojo!!! :)
      Y sigue así de maravillosa, luchando por lo que crees y haciendo que el mundo sea mejor!! Un abrazo guapa

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    3. Qué alegría que mi libro esté en las biblotecas (al menos en la que tú fuiste)!! Desafortunadamente la editorial ha dejado de publicarlo, a pesar de que estuvimos pensando en reeditar una versión actualizada. Desde el principio estoy muy descontenta con la editorial, pero esas son otras historias. El nuevo libro estoy segura de que va a ser un éxito :-))), aunque en principio está previsto lanzarlo sólo en alemán.
      La lucha por un mundo mejor es algo que tú y yo tenemos en común, sin tod@s vosotr@s no sería posible lograrlo. Un beso!!

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  2. Hoy he hecho dos descubrimientos: uno, un blog supuestamente de nutrición en el que se trataba con tal agresividad y con un odio tan irracional a los veganos que no me podía creer que hubiese una nutricionista supuestamente profesional detrás de él, en cuyo post ponía en práctica todo lo que críticaba a los "policías veganos"; afortunadamente, entre todo el coro de aduladores estaba tu comentario, en el que te hacías eco de la agresividad de la autora. Me encantaron tus palabras y quise conocer quién había detrás de ellas. A pesar del malestar que me produjo leer a una persona con tanto odio (espero que alguna vez sea capaz de relajarse, si no, ni su "dieta" la salvará) me he alegrado enormemente de encontrar tu blog.

    En cuanto al primer día que decidí hacerme vegetariana, fue en 1990, con 13 años. Unos meses antes llegó a nuestra casa Micky, un gatito siamés que pasaba en tres segundos de ser adorable a darte mordiscos, pero al que yo quería con locura. Micky tenía la curiosa costumbre de subirse a mi regazo todas las mañanas cuando iba al baño y estaba sentada en la taza del váter (soy consciente de que no es una estampa excesivamente glamurosa). Su hábito, aunque no me facilitaba la tarea, me encantaba: para mí era su manera de decirme “buenos días”. Una de esas mañanas, mientras lo acariciaba en aquella curiosa posición, me di cuenta que sería incapaz de matarlo para comérmelo ni de matar a ningún otro animal para alimentarme; tampoco quería que nadie lo hiciera por mí. Cuando le dije a mi madre que no quería comer más animales, la verdad es que no me puso las cosas fáciles y que, aunque intenté evitar comerlos, en unos cuantos meses desistí y me volví a amoldar a lo que me daban en casa, aunque a regañadientes e intentando esquivar carne y pescado. Siete años más tarde, ya con la cabeza más amueblada y habiendo buscado un poco de información sobre las posibles carencias de la alimentación vegetariana (que era la máxima pega que me ponían), se lo volví a decir a mi madre, con la "amenaza" de que esta vez si hacía falta iría yo a comprar y me cocinaría mis platos. Sorprendentemente, en esta ocasión no hubo réplica por su parte y fue muy comprensiva y de gran ayuda, puesto que cocinó mucho tiempo dos tipos de menús. Y así de ovo-lacto-vegetariana e inconsciente viví hasta el 30 de abril del año pasado, cuando conocí los horribles efectos colaterales del consumo de lácteos y huevos gracias a un enlace que puso en Facebook un miembro del PACMA que
    me llevó a otro enlace (en el que conocí a Gary Yourofsky) que me llevó a otro (y conocí a Philip Wollen). El 1 de mayo, avergonzada por mi falta de información durante tanto tiempo y con un sentimiento de culpabilidad inmenso que todavía me dura, me hice vegana (no sólo la dieta, sino que empecé a mirar con lupa todo lo que compraba). Y en septiembre, tras una conversación que tuve con mi pareja, también se hizo vegano (directamente, si haber pasado por ningún periodo de transición de vegetariano a vegano y sin haber visto ninguna de las terribles imágenes que me vienen a la cabeza todos los días y que me provocan un sentimiento de impotencia tremendo).

    La verdad es que estamos muy contentos y orgullosos de haber tomado esta decisión. Como comentas, aparte de la satisfacción de saber que tu vida no supone la muerte de nadie, esta decisión nos ha abierto un mundo a alimentos de los que no habíamos oído hablar nunca y que nos encantan.

    Tal y como comentas, nada es imposible, y creo firmemente que en un futuro no excesivamente lejano la mayor parte de los humanos se dará cuenta de las atrocidades que han provocado a los no humanos y se avergonzarán por ello. Lo que siento enormemente es que, hasta ese día, miles de millones de seres sufrirán por nuestro egoísmo, inconsciencia e indiferencia... Pero el día llegará.

    Felicidades por el blog

    Grüße aus Alicante!

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    1. Hola Cris! Muchas gracias por tus palabras y por compartir tu historia. Como no hay mal que por bien no venga, era necesario que entraras primero en el blog de esa nutricionista para llegar al mío. Me alegra que te hayan llegado mis palabras, yo también lo pasé muy mal al leer ese post y todos los comentarios, sobre todo por la agresividad y la justificación de la indiferencia, pero afortunadamente hay personas concienciadas de otra manera, y aunque comprendo perfectamente que actualmente te sientas impotente (conozco muy bien ese sentimiento, y especialmente al principio se está mucho más sensibilizado, es como una herida a flor de piel, y cualquier roce hace daño), de todas formas cada vez hay más personas que se han hecho conscientes de que así no podemos seguir, y tratan de ser consecuentes.

      Desde hace dos o tres años el veganismo se ha convertido en una corriente que es prácticamente imparable. Hay muchos veganos que sólo siguen una moda, otros que la siguen por razones de salud o como una dieta, pero también hay muchos otros que están comprometidos en la defensa de todos los seres (humanos y no humanos), por eso puedes tener el consuelo de que no estás sola, aunque sí que es verdad que vamos contracorriente, y eso a veces supone un gran esfuerzo, y te desanimas, pero sabes que no volverás atrás, y precisamente aquello que parece que te roba energía (esa sensibilidad ante el sufrimiento ajeno) es precisamente lo que te da fuerzas en los momentos de debilidad.

      No necesitas sentirte culpable por tu pasado, era probablemente necesario para llegar a lo que hoy eres, acepta lo que ya has hecho y no puedes cambiar, y alégrate de tener la gran suerte de haber sabido abrir los ojos y haber sido capaz de seguir lo que te dice tu corazón. Tienes una pareja excepcional, dale un abrazo de mi parte, porque eso sí que es una suerte, que la persona con quien compartes tu vida también comparta este aspecto tan importante. No todo el mundo tiene esa suerte (y menos de la noche a la mañana, como tú dices), para mí sería impensable que mi pareja comiera carne u otro producto animal, sería una grieta en nuestra relación, un punto de fisura, ya que no se trata de que no te guste el chocolate o los espárragos, sino de una opción de vida.

      Yo también espero que llegue el día en que el ser humano se dé cuenta de las atrocidades que comete (aunque quizás entonces dejaría de ser humano, no sé, parece que forma parte de nuestra naturaleza), pero lo más importante para mí es vivir según mi conciencia, aunque los demás hagan otra cosa, y sí es muy triste que hasta entonces muchísimos seres serán víctimas de nuestro egoismo.

      Gracias por pasarte por aquí. Por cierto, que he mirado tu blog y es chulísimo... Qué cosas más bonitas!!

      Un abrazo! (hablas también alemán?)

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  3. Hola Rocío:

    Gracias por tus palabras y por tu ánimo; a veces el sentimiento de impotencia me puede.

    Respecto a mi pareja, sí, he tenido mucha suerte, en muchos aspectos pero especialmente en el hecho de que, una vez expuesto mi punto de vista, no dudó ni un momento; simplemente seguía una especie de costumbre que nunca se había planteado revisar. Aunque no se lo dije ni se lo he dicho, el hecho de que él continuase comiendo carne desde que tomé la decisión, efectivamente, se convirtió en un problema para mí, pero por suerte duró unos meses.

    Gracias por pasarte por mi blog y por tu comentario. Hacer esas cositas me ayuda bastante a relajarme.

    Sei lieb gedrückt!

    PD. Hablaba alemán. Estudié traducción y viví casi un año en Bremen. De eso hace ya muuuucho tiempo. Ahora mi trabajo no tiene nada que ver con la traducción. Una de las cosas que más me gustó de vivir en Alemania, aparte de las magníficas personas que conocí y del país (en el que me encantaría vivir), es que no era un bicho raro por ser vegetariana, a diferencia de lo que me pasaba en España. Supongo que sucederá lo mismo ahora con los veganos.

    Besos

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    1. El verano pasado estuve en Bremen por primera vez visitando a unos amigos. Me gusto mucho y al final comimos en un restaurante vegetariano.

      Tienes razón, ser vegetariano es Alemania era mucho más fácil que en España, al menos en lo que se refiere a las personas, porque en la cocina española se encuentran muchos más platos que de entrada son vegetarianos o incluso veganos. En Suiza (que es donde vivo ahora) es distinto. Las grandes ciudades están abiertas, pero en los pueblos (como es mi caso) es sumamente difícil, aunque siempre se encuentra a personas interesadas (lo que no significa que se vayan a hacer veganos, pero sienten curiosidad). Aquí el tema del queso está demasiado arraigado, pero si te digo la verdad, una vez me invitaron a una fondue de queso vegana, y una de las comensales (que no era ni siquiera vegetariana) dijo que le gustaba incluso más que la fondue de queso "normal", porque no se sentía tan pesada, y así podía comer postres :-))

      El auténtico paraíso vegano está en Berlín, lo que pasa es que a mí Berlín no me gusta porque es demasiado grande y caótico, y me estresa mucho.

      Besos!

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  4. Tienes razón, en la cocina española hay muchísimos platos veganos. Nosotros echamos mano básicamente de las recetas de la abuela de mi pareja. ¡Todas las que hacía con legumbres eran veganas!

    -Calaveras con bufanda (garbanzos con acelgas, ajo, un puñado de arroz y patatas)
    -Judías agrias (en realidad serían “ácidas”, porque están muy buenas y llevan vinagre: judías, guisantes, zanahoria, cebolla, patata y vinagre a gusto del consumidor, en mi caso muuuucho :D)
    -Lentejas con frutos secos (yo añado a veces un puñado de arroz o de cebada)
    -Paella de verduras…

    Como comentas, el problema es la diferencia entre una ciudad y un pueblo. Yo vivo en un pueblo de Alicante, y aquí las opciones veganas brillan por su ausencia. Simplemente con ir a Alicante o Valencia, la cosa cambia enormemente (y no te digo en Barcelona o Madrid). De todas maneras, me encantaría tener un supermercado vegano al que ir a comprar sin tener que ir mirando etiquetas, como el Veganz de Berlín; pero Berlín, aunque me gustó mucho cuando lo visité de la mano de una berlinesa encantadora, no sería una ciudad en la que me gustaría vivir por los mismos motivos que comentas tú.

    ¡Un abrazo!

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    1. Lo de las calaveras con bufanda me ha encantado, en casa también teníamos un guiso al que le llamábamos "estofado de murciélagos", puedes verlo aquí:
      http://lascosasderocioblog.blogspot.ch/2014/07/estofado-de-murcielagos.html
      Besos!

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