Aprovechando que estamos en primavera y las hierbas crecen que es un primor, ¿qué mejor ocasión que está para alimentarnos de forma sana?
No paro de coger hierbas silvestres, y es que no puedo resistir la tentación, y ¡hay tantas formas de prepararlas!..., aunque yo en esto soy muy simple y picaditas y aliñadas con aceite, vinagre y sal ya me gustan. Pero hoy vamos a añadirles unas patatitas.
El diente de león es vegano (a pesar del nombre) y nadie sufre, ni siquiera las plantas, ya que sólo arrancaremos algunas hojas y flores. Esta es la época ideal para usarla en ensalada, ya que las hojas están aún tiernas y no son tan amargas (pero sí un poco, si no no sería diente de león). Aparte de la sustancia amarga llamada taraxin (que no sé traducir) contiene gran cantidad de hierro, calcio y vitaminas A y C.
Se trata de una planta depurativa, diurética y muy buena para el hígado y el estómago.
Y sin más, aquí tenemos la ensalada:
¾ kg patatas
1
puñado
grande de diente de león (yo le puse demasiado poco)
Algunas
flores de diente de león
Sal
Aceite
de oliva
Vinagre
de manzana
Cebolla
o ajo (al gusto)
Lavamos
y cocemos las patatas enteras hasta que estén tiernas.
Mientras
se cuecen las patatas lavamos y picamos muy finas las hojas de diente
de león. Picamos muy pequeñito el ajo (o la cebolla lo que más o
guste) y lo mezclamos con las hojas picadas.
Si
las patatas son biológicas se pueden comer con piel, si no (o si no
os gusta la piel) las pelamos en caliente cuidando de no quemarnos,
las cortamos en rodajas y las aliñamos inmediatamente con la sal, el
aceite y el vinagre. El secreto de una buena ensalada de patatas está
en aliñarla en caliente.
Cuando
las patatas estén frías las mezclamos con las hojas picadas y
decoramos con las flores. Sano, bonito, rico y fácil de preparar, ¿quién da más?


